Las turbulencias de San José en la primera Navidad
Juan Carlos Elias • 9 de abril de 2026
La turbulencias de San Jose en la primera Navidad
Por Mons. Varden
Por Mons. Varden
Presenta a San José como "El santo patrón del desprendimiento" y las enseñanzas para la vida interior que podemos sacar de un detalle iconográfico poco conocido: las tentaciones de San José
El obispo Erik Varden, monje trapense y autor espiritual que dirige la Prelatura Territorial de Trondheim en Noruega desde 2020, ha ofrecido una reflexión sobre la figura de San José y su papel en la primera Navidad. En una entrevista concedida a The Pillar, Varden explora cómo la perspectiva del santo patriarca puede iluminar nuestra comprensión del misterio de la Encarnación.
La turbulencia inicial de San José
Según explica el obispo, la primera Navidad llegó en un momento de inmensa turbulencia en la vida de San José. «Eso es lo que nos dice la Escritura. Leemos en el Evangelio de Mateo que José, cuando María fue encontrada encinta, resolvió repudiarla», señala Varden. El santo habría actuado «discretamente», por bondad, pero rompiendo la relación de todos modos.
El embarazo le hizo pensar que la mujer que iba a ser su esposa le había traicionado o había sido comprometida de tal manera que no podía hablar de ello. Cualquiera de las dos circunstancias hacía que la perspectiva de un futuro compartido pareciera imposible.
Es entonces cuando interviene el ángel y le explica a José lo que está ocurriendo: la vida concebida en María es del Espíritu Santo; el Hijo que dará a luz es una respuesta a la profecía; salvará a su pueblo de sus pecados; por esa razón, José no debe temer.
La tentación del santo patriarca
Varden destaca un detalle iconográfico poco conocido: ciertas representaciones de la Natividad de Cristo integran una escena conocida como la tentación de San José. «Sentado un poco apartado de la cueva con la Madre y el Niño, y pareciéndose inquietantemente al Pensador de Rodin, José es abordado por un diablo disfrazado de pastor inofensivo».
El obispo imagina el tipo de cosas que este personaje habría susurrado al oído de José: «¿No crees en serio esa tontería de un sueño? ¿Crees que Dios interviene así? ¡Vete mientras puedas!»
«Estas son pruebas muy humanas, crisis de confianza y fe que muchos de nosotros hemos conocido por experiencia. Es bueno saber que San José también ha estado ahí; y que no dejó que las sugerencias diabólicas influyeran en su mente, manteniéndose firme en la lealtad», reflexiona Varden.
El modelo de la paternidad kenótica
El obispo destaca las cualidades evidenciadas por San José durante el viaje a Egipto: «Discreción, paz, ausencia de alboroto». José, a quien la tradición presenta como un hombre de años maduros, deja su hogar, su sustento y todo lo familiar para proteger a los protagonistas del plan «imprudentemente precario» de Dios.
«La necesidad de marcharse no dio a la Sagrada Familia ninguna oportunidad de encerrarse en sí misma en una comodidad privada», explica Varden. Esta partida de María y José casi tan pronto como acogen a Jesús en sus vidas establece un paradigma para la existencia fiel.
El obispo critica la tendencia actual que considera a la descendencia como una adquisición, una forma de coronar la ambición de un padre para sí mismo. «El ejemplo de José nos habla de la paternidad como un estado kenótico, un estado de autoentrega coherente en el amor por el bien de un propósito distinto al propio. San José es el santo patrón de la generosidad».
La transformación por la Encarnación
Sobre cómo la Encarnación cambió la vida de San José, Varden utiliza una analogía: «¿Conoces la sensación que tenemos cuando estamos cerca de una persona realmente buena? Solo estar en la misma habitación que esa persona nos afecta». Si la exposición a grados de perfección humana puede afectarnos tan profundamente, se pregunta el obispo, «¿cómo debe haber sido vivir día tras día junto a Dios hecho hombre?»
La respuesta se encuentra en cómo José se deja eclipsar discretamente de la historia. «Habiendo cumplido su deber providencial, habiendo criado al Hijo de Dios y protegido mientras lo necesitaba, San José se contenta con retirarse de la escena sin siquiera una reverencia furtiva al público».
El renacimiento del interés por San José
Varden observa un resurgimiento del interés por San José en los últimos años, evidenciado en la popularidad de la Consagración a San José, la estatua de San José Durmiente o el Año de San José proclamado por el papa Francisco.
«Creo que dice algo sobre una búsqueda de una valoración más profunda del realismo de la Encarnación», explica. Cuanto más virtuales se vuelven nuestras relaciones humanas, más luchamos por dar cuenta de lo que significa ser humano, y más la sociedad relativiza el valor de una vida humana, «más necesitamos un correctivo sensato».
Las diversas devociones a San José permiten reflexionar sobre las condiciones humanas concretas en las que el Verbo se hizo carne, «dejándonos escuchar los sonidos y oler los olores de los viajes y el exilio del Niño Jesús, luego de su vida hogareña. San José hace todo esto humanamente creíble. Acerca mucho lo sublime».
Recomendaciones cinematográficas navideñas
Para finalizar, el obispo recomienda tres obras audiovisuales que considera especialmente apropiadas para la Navidad. Primero, una interpretación del Oratorio de Navidad de Bach por la Netherlands Bach Society. Segundo, un documental sobre la West-Eastern Divan Orchestra, fundada por Daniel Barenboim y Edward Said, que muestra «una parábola de encuentro pacífico que puede mantener viva la llama de la esperanza incluso frente a situaciones intratables».
Finalmente, recomienda el cortometraje de animación «Christmas» de Mikhail Aldashin (1996), que describe como «ingenuo en el mejor sentido, capaz de ver la realidad como es, pero gloriosamente iluminada». Esta obra, según Varden, «nos recuerda lo que significa la maravilla. Es vital mantener viva esa facultad. Sin ella, nuestra visión del mundo se distorsiona».
Fuente: Infocatólica
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La visión de Ana Catalina Emmerick sobre el nacimiento de Jesús era: bastante tarde cuando José y María llegaron hasta la boca de la gruta. La borriquilla, que desde la entrada de la Sagrada Familia en la casa paterna de José había aparecido corriendo en torno de la ciudad, corrió entonces a su encuentro y se puso a brincar alegremente cerca de ellos. Viendo esto, la Virgen dijo a José: “Ves, seguramente es la voluntad de Dios que entremos aquí”. José condujo el asno bajo el alero delante de la gruta; preparó un asiento para María, la cual se sentó mientras él hacía un poco de luz y penetraba en la gruta. La entrada estaba un tanto obstruida por atados de paja y esteras apoyadas contra las paredes. También dentro de la gruta había diversos objetos que dificultaban el paso. José la despejó, preparando un sitio cómodo para María por el lado del oriente, donde el terreno se elevaba un poco. En el fondo de la gruta, a la izquierda, había un pesebre; más arriba, un hueco como una especie de nicho; y, en la pared, una abertura que comunicaba con otra gruta más pequeña. José recogió paja, hizo un poco de orden y preparó el pesebre. María se arrodilló sobre la paja y se recogió en oración. José salió varias veces a buscar cosas. Trajo agua en una vasija; también atados de hierba seca. Todo lo disponía con una atención sencilla y cuidadosa. Después de un tiempo, José volvió a entrar, y María le dijo que se alejara un poco, pues se acercaba la hora. José obedeció; encendió la lámpara y la colocó en un sitio, y se retiró hacia la entrada. Entonces, en el lugar donde María estaba recogida, apareció un resplandor. Yo vi a María envuelta en luz, como si toda su persona se transparentara. En ese instante, sin dolor y con un recogimiento profundo, dio a luz al Niño. El resplandor se hizo más intenso; parecía que todo el aire estaba iluminado. Vi al Niño Jesús sobre la paja, resplandeciente y como rodeado de gloria. María, en adoración, inclinó su rostro hacia el Niño; y José, al advertir el resplandor, se acercó con temor y reverencia. Ambos adoraron al Niño. Luego María tomó al Niño, lo estrechó contra su pecho y lo contempló largamente, con un amor y una adoración que no se pueden expresar. José estaba también conmovido; se arrodilló y permaneció en silencio. Después, María colocó al Niño sobre la paja y lo envolvió en los pañales. José había traído telas y algunas cosas para este momento. Ella lo envolvió con cuidado y lo recostó. Más tarde, José acercó el pesebre y colocó en él al Niño. El pesebre estaba dispuesto con paja limpia. Al colocarlo, María y José se pusieron a ambos lados y lo adoraron. Permanecieron allí, derramando lágrimas de alegría y entonando cánticos de alabanza. José llevó el asiento y el lecho de reposo de María junto al pesebre. Yo veía a la Virgen, antes y después del nacimiento de Jesús, arropada en un vestido blanco que la envolvía por entero. Pude verla allí durante los primeros días: sentada, arrodillada, de pie, recostada o durmiendo, pero nunca la vi ni enferma ni fatigada.

La figura de San José ha resurgido con nueva fuerza en la conciencia de la Iglesia, especialmente tras la carta apostólica Patris Corde escrita por el Papa Francisco. Este documento no solo honra la paternidad de San José, sino que también lo propone como un modelo universal de fe, entrega y valentía silenciosa. En este artículo exploraremos las enseñanzas fundamentales de Patris Corde, desglosando la riqueza espiritual de San José y su relevancia como patrono de la Iglesia Universal y modelo para padres, trabajadores, y todos los fieles.

San José es una de las figuras más importantes en la historia de la salvación, pero su papel en la vida de la Virgen María y Jesús a menudo ha sido subestimado. Su matrimonio con María no solo fue verdadero, sino también un modelo de santidad y entrega absoluta a la voluntad de Dios. En este artículo exploraremos la es

San José es una de las figuras más importantes en la historia de la salvación, pero su papel en la vida de la Virgen María y Jesús a menudo ha sido subestimado. Su matrimonio con María no solo fue verdadero, sino también un modelo de santidad y entrega absoluta a la voluntad de Dios. En este artículo exploraremos la esponsalidad de San José, su papel como esposo y protector de la Sagrada Familia, y la relevancia de su ejemplo en el mundo actual.

San José es una de las figuras más enigmáticas y menos exploradas en la historia del cristianismo. Conocido como el esposo de la Virgen María y padre adoptivo de Jesús, su paternidad ha sido motivo de reflexión teológica a lo largo de los siglos. Su papel es fundamental en la historia de la salvación, y su vida nos deja enseñanzas profundas sobre la paternidad, la fe y la obediencia a Dios.
En este artículo, exploraremos qué significa la paternidad de San José, su papel en la vida de Jesús y la importancia de su ejemplo para los cristianos de hoy.

¿Qué tan bien conocen a San José? ¿Comprenden su grandeza? ¿Recurren a él en busca de ayuda para la vocación que tienen como hombres católicos? Dadas las condiciones del mundo y los problemas particulares que enfrentamos, estoy convencido de que, hoy, con claridad y devoción, Dios quiere que dirijamos nuestros corazone




